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lunes, septiembre 28, 2020
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La Grita, fervor religioso y turismo en el frío tachirense

Entre las montañas del páramo tachirense se encuentra La Grita, una hermosa ciudad fundada en 1.576 por Don Francisco de Cáceres. Con una ubicación geográfica privilegiada y un clima muy agradable, es una próspera población dedicada a la agricultura y con una fuerte devoción religiosa.

Francisco de Cáceres estableció la ciudad en un valle de la región poblada por los Humogrias y Caricuenas, indígenas que formaban una gran gritería al ver a los conquistadores, se dice que de allí fue que pusieron al nuevo asentamiento en nombre de Valle del Espítitu Santo de La Grita. La fecha exacta de la fundación se desconoce, pues solo sobrevive una carta de Cáceres fechada el 27 de julio de 1.576 donde da cuenta del hecho.

Paisaje de los alrededores de La Grita
Paisaje de los alrededores de La Grita. Fuente: Luis Alejandro Escalante Rodríguez / Wikimedia (CC BY-SA 3.0).

Conociendo la ciudad de La Grita

La ciudad posee múltiples templos donde se guardan imágenes muy veneradas de las que cuentan muchas leyendas. Los dos principales son la Basílica Menor del Santo Cristo de La Grita y la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles. Ambas son imponentes estructuras motivo de orgullo para los tachirenses, por su hermosa arquitectura y por albergar imágenes consideradas milagrosas por múltiples feligreses.

Entre las muchas plazas de la ciudad está la Plaza del Peregrino, en la Avenida Francisco de Cáceres con Carrera 7. Frente a esta plaza se encuentra el Colegio Santa Rosa de Lima, un icono de la ciudad. Junto a la Plaza Miranda está la Biblioteca Municipal y la Columna de La Grita, un obelisco circular con una altura de 20 metros, que se puede observar desde las afueras de la ciudad y sobre el cual se cuentan varias historias y leyendas.

La Plaza Sucre se considerada el sitio fundacional de la ciudad, anteriormente se le llamaba Plaza del Llano. En esta plaza se celebra todos los años un festival gastronómico de cocina local. Acá también encontramos la Casa de Bolívar, declarada Patrimonio Cultural de la Nación, donde pernoctó el Libertador Simón Bolívar durante la Campaña Admirable de 1813.

En la Plaza Urdaneta se puede observar un vagón que sobrevive de los que fue el Gran Ferrocarril del Táchira. Por otro lado, frente a la plaza Jáuregui se encuentra la bella iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, de estilo neogótico y el Paseo Artesanal «La Grita». También está el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, el más antiguo de la ciudad, que data de finales del siglo XIX.

Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles en La Grita
Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles en La Grita. Fuente: Yarson / Wikimedia (CC BY-SA 3.0).

Junto a la plaza Bolívar se encuentran La Basílica del Santo Cristo de La Grita y su Museo, el Cuartel Militar y la Alcaldía, un edificio con un alto nivel arquitectónico. También está la plaza Isaura, bautizada en honor a la poetisa gritense Isaura Josefa Melani de Olivares, junto a la iglesia de Nuestra Señora de Fátima. La plazoleta Manuelita Saenz se ubica en la Urbanización Santa Rosa y al entrar a la Ciudad se encuentra la plaza de Las Sirenas.

El Liceo Militar Jáuregui se encuentra frente a la Redoma El Topón. Esta es una institución educativa de gran renombre, donde han estudiado insignes venezolanos, incluidos varios Presidentes de la República, ministros y gerentes de grandes empresas privadas nacionales, así como muchos militares destacados, entre ellos varios ministros de la Defensa.

En el este de la ciudad, en la Avenida Frailejón, está la Casa de la Cultura «Don Pepe Melani» y el Gimnasio Cubierto «Los Comuneros».

La ciudad cuenta con varios miradores desde las montañas circundantes. El más visitado por los turistas es el que se encuentra en la aldea de Tadea. En este lugar ocurrió el milagro del Santo Cristo, según la leyenda. Desde éste mirador se puede observar gran parte de la ciudad.

Otro sitio interesante para visitar es el Parque Monseñor Hilario Bosset, mejor conocido como Parque Las Porqueras, en la vía al Portachuelo. Cuenta con hermosas caminerías, parque infantil y kioscos para parrillas. Allí se encuentra la pequeña capilla donde murió el Obispo Bosset en 1.869.

Capilla de Las Porqueras
Capilla de Las Porqueras. Fuente: Argenis56 / Wikimedia (CC BY-SA 3.0).

La Grita es una encrucijada de caminos desde donde se puede llegar a Tovar, Bailadores y Pregonero, El Cobre y Seboruco, que son todos hermosos poblados andinos dignos de una visita.

El Santo Cristo de La Grita

Un terremoto en 1.610 destruyó la joven ciudad de La Grita y los frailes franciscanos de la iglesia huyeron a una aldea cercana llamada Tadea. Entre ellos iba Fray Francisco, un escultor muy pío pero no tan talentoso. Narra la tradición que, aterrorizado por el sismo, Francisco prometió hacer una imagen de Cristo crucificado y consagrarle a Jesús la nueva ciudad.

El escultor trazó en un gran tronco de cedro la imagen, pero que no lograba atinar con los rasgos característicos del Salvador agonizante. Por más que lo intentaba, Fray Francisco no podía plasmar esa expresión sublime que buscaba. Un día, luego de finalizar la jornada, el religioso se puso a orar y un éxtasis le embargó. Al volver en si, escuchó en medio de la oscuridad de la noche que en su taller golpeaban las herramientas sobre la madera de la imagen que Francisco estaba elaborando.

Al acercarse vio algo que parecía una forma humana, pero envuelta en fuerte luz, que le encandiló. La misteriosa figura salió rápidamente del taller y Francisco trató de correr tras ella sin poder alcanzarla. Al amanecer, le contó a sus compañeros lo ocurrido y, luego de la oración matutina, fueron todos al taller, donde encontraron la talla terminada.

Santo Cristo de La Grita
Santo Cristo de La Grita. Fuente: LuisG67 / Wikimedia (CC BY SA 3.0).

Fray Francisco rompió en llanto de la emoción. Los rasgos que él buscaba plasmar estaban en el rostro de la imagen terminada. Esa talla es la que hoy se conoce como el Santo Cristo de La Grita, a quien se le atribuyen innumerables milagros. Se dice que fue un ángel quien esculpió el rostro de la imagen.

Cada 6 de agosto, miles de peregrinos llegan caminando hasta La Grita, provenientes de diferentes lugares del país. La celebración es conocida por todo el mundo y se trata de una de las manifestaciones religiosas más multitudinarias de América. El Santo Cristo de la Grita ha sido decretado Monumento Nacional y Patrimonio Cultural de la Nación.​ La imagen se custodia en la Capilla del Santo Cristo, Basílica del Espíritu Santo, frente a plaza Bolívar de la ciudad.

El 6 de agosto de 2020 el pueblo de Venezuela conmemoró los 410 años del Santo Cristo de La Grita, patrono de los Andes Venezolanos, celebración que este año fue virtual por efectos de la pandemia del coronavirus.

Santuario Nacional del Santo Cristo de la Grita
Santuario Nacional del Santo Cristo de la Grita. Fuente: Elizaira Marval / Wikimedia (CC BY SA 3.0).

Gastronomía

La gastronomía de La Grita es la propia del Los Andes venezolanos, donde no pueden faltar los pastelitos andinos, la tradicional pisca, la sopa de arveja tierna o frijol tierno, el caldo de gallina cuajado con leche, la turnada paramera, una especie de pastel con papas y queso y las deliciosas cucas o paledonias. Las ricas quesadillas compiten en sabor con las inigualables almojábanas, unos panecillos a base de yuca y queso. A los peregrinos que se acercan a la ciudad el 5 y 6 de agosto, se le obsequia con un pan especial que llaman el Pan de Dios.

La tradición repostera de la ciudad se manifiesta en los dulces hechos en casa. Son muy populares el dulce de leche, los de mora, piña, lechoza y durazno y el cabello de ángel, además de los ricos bocadillos de distintos sabores.

Entre las bebidas, hay variedad de chichas, vinos de varios sabores, el calentado, la mistela y el sabroso masato. La bebida predilecta, sin embargo, es el famoso miche, un licor destilado de hierbas con un alto contenido alcohólico. En La Grita y sus cercanías existen varias destilerías, donde se puede adquirir el producto y aprender sobre su proceso de elaboración.

Un excelente sitio para desayunar en La Grita es Pasteles Doña Isaura, en la Calle 1 con Carrera 5. Su atención es excelente. Preparan unos pasteles de queso con bocadillo extraordinarios, sin duda son los mejores pasteles de la ciudad. Además, su propietarios Lidimar y William Manzilla están siempre allí pendientes de todo.

Para almorzar o cenar, en Pimienta Roja Restaurant, cerca de la Escuela Jáuregui, se puede disfrutar de una experiencia gastronómica al mejor estilo gourmet. Son especialistas en hamburguesas premium, pizzas y pastichos.

Alojamiento

En La Grita hay una buena infraestructura hotelera, conformada por varios hoteles y posadas, que reciben a los turistas durante todo el año, pero que se ven especialmente congestionados los primeros días del mes de agosto, por las celebraciones del Santo Cristo. Una buena alternativa para alojarse es el Hotel Frailejón Suite, en la Troncal 11, sencillo pero cómodo.

En El Cobre, a 20 minutos de La Grita, se encuentra la Posada Finca La Huérfana, a 7 kilómetros de la Alcabala El Zumbador. Es un lugar muy especial rodeado de la naturaleza y el frío clima del páramo del Táchira. Un ambiente muy campestre, donde se puede desayunar rodeado de colibríes y con el sonido del río El Valle al fonod. Su comida es excelente u elaborada con ingredientes frescos de la zona, en un estilo muy casero.

¿Cómo llegar a La Grita?

Desde San Cristóbal, se debe tomar la Troncal 1 vía Táriba. Allí se toma la Troncal 7, que atraviesa el Páramo del Zumbador y pasa por El Cobre. El recorrido de 90 kilómetros dura aproximadamente dos horas y media, ya que se trata de una carretera con muchas curvas y pendientes, que no permite altas velocidades. Sin embargo, la vía regala extraordinarias vistas de los paisajes andinos.

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